Uno de los mitos más difundidos en el mundo de las conservas es la idea de que siempre hay que dejar 2 centímetros de espacio vacío en el frasco, conocido como “espacio de cabeza”.
La realidad: no siempre es necesario. Todo depende de la temperatura y el tipo de producto que estés envasando.
Por ejemplo, si estás haciendo mermelada o dulce de leche y llenás el frasco con el producto muy caliente (alrededor de 105 °C), la mezcla está totalmente dilatada. Si dejás esos 2 centímetros de espacio como regla rígida, terminas con mucho aire dentro y puede afectar la formación del vacío o incluso la conservación.
En estos casos, hay que dejar mucho menos espacio, ajustando la medida según la consistencia y temperatura del producto.
Moraleja: el “espacio de cabeza” no es una regla fija, sino una guía que hay que adaptar según lo que estés envasando.