Agarra el Ananá, Cortá la punta, cortá el culito y lo pelas. Lo cortás en rodajas como más te guste.
Clave, probá el ananá, que esté rico. Acostúmbrate a probar todo lo que hagas. Acá está la clave del éxito.
Si la parte del centro del ananá es muy dura, retirásela. Acomodá los trozos de ananá, apretando bastante porque si no, cuando se cocinen van a flotar porque se van a achicar un poco.
Ahora, el almíbar.
(Por litro de agua, los de lata tienen 400 gramos de azúcar) Vos le ponés lo que querés, inclusive, si te gusta, edulcorante. Cuando hierve por un minuto y el azúcar se disolvió, llená los frascos, dejando algo de espacio de cabeza porque el ananá o la piña están fríos.
Cuando hagas el tratamiento térmico, el contenido del frasco se va a dilatar un poco, así que dejá espacio de cabeza. Si no queda espacio, va a hacer saltar la tapa.
El tratamiento térmico acá tiene doble propósito.
Por un lado, hacer vacío, pero por otro, cocinar el ananá. Lo llevás a una olla o cacerola con agua, tapando las tapas, para hacer vacío.
Desde el momento que retoma a hervor, contás 15 minutos y ananá por un año. Pasado el tiempo, retiramos.
Y recordá que los frascos nunca se dejan enfriar adentro del agua y jamás se dan vuelta. Y listo. Más ricos y saludables que los de lata porque los hiciste vos.
Soy Giselle Bilesio, Ingeniera Agrónoma y una apasionada del mundo de las conservas.
Desde hace mas de quince años me dedico a enseñar, asesorar y acompañar a quienes quieren eleaborar alimentos seguros, ricos y duraderos: desde emprendedores y fábricas hasta personas que simplemente disfrutan cocinar y conservar en casa.